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martes, 15 de enero de 2008

Marta y el empleado de lavandería

Me ve a los ojos mientras se desplaza sonriendo hacia una torre de papeles que “recomendé” momentos antes no tocara. Me pregunta algo extraño para mantenerme ocupado; toma una factura y me advierte que puede hacer un barco, un sombrero, una bolita o un avión. (Marta y su hermanita trabajan sacando la basura de los vecinos a la esquina, dicen que es divertido porque juegan en la calle sin que su mamá las regañe.)

Marta y compañía salen de la lavandería corriendo, regresan con su primo, y ahora los tres preguntan porqué no me quito la barba, porqué fumo, porqué no deben jugar con la calculadora, con la báscula… ¡qué es esto¡, ¡MIRA!!! mi dedo. La hermanita gatea para agarrar mi zapato y supuestamente asustarme, el primo revisa unos libros y Marta me ve a los ojos porque en su mano esconde algo que no imagino.

Cuando mi paciencia termina, procuro pedir con fingida calma todo lo que han escondido, que regresen al rato, que estoy ocupado… la hermanita y el primo corren a la calle arrastrando una reja de madera. Marta no, al contrario, todo indica que espera ese momento para preguntar y mover más cosas a la vez. Valiente y molestosa.

Una tarde de esas, llegó una chica a preguntar el precio del servicio de lavado de unas colchas “queen size” (“tamaño rrreina”), la chica era muy bonita así que le di el precio pero, ejem... tardé explicándole sobre fibras textiles y reacciones químicas del lavado en seco. Marta tomó la lista de precios y le dijo a la chica que el servicio no era tan caro, que costaba 30 pesos menos de lo que le había dicho; la chica dudó, lo negué pero Marta con la lista en la mano señalando un punto cualquiera, me decía: “mira, aquí dice, aquí dice”. El caso es que nunca soltó la lista de precios y la chica se fue.

Esa tarde Marta, su hermanita y su primo estaban especialmente activos, así que nos pusimos a hacer “cajas para vómito” con papel de cuaderno; el procedimiento es complicado (muchos cortes y dobleces) así que le bajaron de acción. Después de un rato se fastidiaron de doblar papeles y se fueron a correr.


auténtica "caja para vómito"



Creí que esa tarde se había establecido una tregua o que al fin se habían aburrido de molestarme… pero pasó otra cosa; Marta, hermanita y primo regresaron con dos niñas más; unas niñas “creidas” compañeras de la primaria (que salieron a la calle exclusivamente a comprar sacapuntas) y ante esas niñas, con los ojos bien brillantes y el cabello enredado, dijeron (casi en coro):

- ¿Verdad que eres nuestro tío?


5 comentarios:

Anónimo dijo...

tio pelon, ¿te acuerdas de el taller de cajitas para vomitos?, jajaja que chingon!

Anónimo dijo...

ya se me habia olvidado esa historia; ¿y que les contestaste?

Anónimo dijo...

el segundo comentario anonimo no lo es tal, solo se me olvido escribir mi nombre: javier toledo.

martín dijo...

pues no les dije nada camarada... sólo asentí con la cabeza y los vidé tienamente...

pero eso no lo iba a decir ante el auditorio....

(a ke chamakos!) (suspiro)



(TAMBIÉN TE CAÍAN MAL ¿NO?)

Anónimo dijo...

50 y 50

pd: pero en este momento ya no existe el 50 % negativo.
atte: Javier T.

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