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émula es una publicación que heredó algo de fanzine anarko y periódico mural comunista, en un formato de weblog neoliberal. Editado, sufrido y publicado por realidades latinoamericanas alternas. Se actualiza más o menos todos los días.... Noticias · Imágenes · Lecturas · Videos · Web & Software contacto: emulafanzine[a]gmail.com
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miércoles, 25 de junio de 2008

El reino de Adidas

Yoani Sanchez/ Generación Y
La Habana, Cuba

La lengüeta de su tenis Nike le hacen una mueca de superioridad a mis sandalias de piel sintética, mientras calculo que sus gafas italianas le han costado el salario de un mes. De su cartera, comprada en Vía Uno, saca unos cigarros Marlboro y me brinda, aunque sabe que no fumo. Vamos juntas hasta su casa del Cerro –una cuartería en un caserón habitado por siete familias-. Entro a la sala y sus impecables zapatos desafinan con una silla de cabillas sin espaldar, un colchón amorfo cubierto por una sábana gris y unas paredes que no se pintan desde que el abuelo murió. Me brinda café en una taza sin asa, pero sólo atino a ver la sortija de oro en su índice. “¡Yadira, –la increpo- con esa opulencia para vestir y no tienes ni un baño propio!”. Se sonríe y alcanzo a ver un pequeño rubí incrustado en su colmillo izquierdo.

Al salir de su casa reparo en la inaudita combinación de ostentación y miseria que “adorna” nuestras calles. En medio de los deteriorados portales de la avenida Reina veo el ir y venir de los Adidas, los Kelme y los Wilson, y mi nariz capta lo mismo el hedor de una fosa albañal –rota en plena acera- que la esencia inconfundible de Christian Dior. Las colas en las afueras de las boutiques, me hablan de una cantidad de dinero que llega a través de las remesas, las actividades ilegales o el desvío de recursos y que sostiene esas ínfulas de “pavo real”. Nadie quiere quedarse sin su ropa de marca, sea falsificada o auténtica.

Me han dicho que la tienda de Adidas ubicada en la esquina de 1ra y D, en el Vedado, es la filial que más ventas logra -por metro cuadrado- en toda Latinoamérica. Hasta el punto que piensan mudarla a un local más grande para duplicar las ganancias. Algunos de los productos que en ella se venden, serán comprados por personas que no tienen una habitación propia o que hacen malabares para poder comer cada día. Ellos han preferido llevar, lo más “valioso” que tienen, sobre sus propios cuerpos.

Desde los cristales de unas gafas UV, arropada en el algodón de una prenda Point Zero, o con los cabellos olorosos a L´Oreal, Yadira no ve los azulejos caídos de su cocina y los muelles que se le salen al colchón. Para los que la conocen ella es una espléndida joven que viste con ropa de marca, y no la vecina de un pobre solar, donde cada mañana carga el agua hasta el diminuto baño colectivo.

domingo, 11 de mayo de 2008

Ciudad Habana

La capital de ¿todos? los cubanos.
Yoani Sánchez/Generación Y


Tengo veinte minutos para llegar del Parque Central hasta una pequeña Galería –cercana a la Plaza Vieja- donde un amigo expone sus cuadros. Si intento seguir a pie me perderé la parte del discurso inaugural y el pintor naif no me lo perdonará. Capturo un bicitaxi y le ofrezco diez pesos porque vaya a toda rueda. El ciclista me mira alegrándose de las pocas libras que tendrá que cargar y tararea un reggaetón que dice “le gusta el bate a la mujer del pelotero, le gusta la carne a la mujer del carnicero… y la del bombero me está pidiendo fuego…”.

Ya estamos en marcha y durante el trayecto me siento como una estirada señorona subida en palanquín. Aligero mi culpa pensando que si no fuera yo, el pobre chofer habría tenido que cargar un par de gordos que también le hacían señas. No he salido del remordimiento cuando éste desatiende el timón y me pregunta: “¿Eres de La Habana?”. Confirmo mi origen citadino y con ojos codiciosos me dice “Yo soy de Guantánamo. Estoy buscando alguien que se case conmigo para que me ponga en el registro del carné de identidad. ¿Estás soltera?”

Lo directo de la propuesta me deja abrumada. Quiero explicarle que ya tengo pareja, que no poseo una propiedad donde inscribirlo y salvarlo de la deportación. Se me ocurre aclararle que mi barrio está muy próximo a esa torre -en forma de pirulí truncado- donde se alberga el poder, lo cual hace extremadamente complicado domiciliar una nueva persona. Todos los argumentos para negarme a tan súbito pedido de matrimonio se los resumo en uno breve “No puedo”.

El hombre me mira como si lo estuviera condenando al centro de retención de “ilegales” por el que ya ha pasado. El mismo sitio de donde salen ómnibus cada semana para extraditar, junto a un acta de advertencia, a los que están “sin papeles” en La Habana. Su mirada me hace sentir culpable de haber nacido en esta ciudad achacosa y exclusiva, coqueta con el turismo internacional y ceñuda con los compatriotas de otras provincias.

Estoy a punto de cambiar de idea y casarme con él, pero llegamos al lugar de la exposición y mi amigo el pintor me salva del anillo de bodas.


Yoani Sánchez. Licenciada en Filología. Reside en La Habana y combina su pasión por la informática con su trabajo en el PortalDesde Cuba. Premio Ortega y Gasset 2008 Periodismo Digital.

martes, 15 de enero de 2008

Marta y el empleado de lavandería

Me ve a los ojos mientras se desplaza sonriendo hacia una torre de papeles que “recomendé” momentos antes no tocara. Me pregunta algo extraño para mantenerme ocupado; toma una factura y me advierte que puede hacer un barco, un sombrero, una bolita o un avión. (Marta y su hermanita trabajan sacando la basura de los vecinos a la esquina, dicen que es divertido porque juegan en la calle sin que su mamá las regañe.)

Marta y compañía salen de la lavandería corriendo, regresan con su primo, y ahora los tres preguntan porqué no me quito la barba, porqué fumo, porqué no deben jugar con la calculadora, con la báscula… ¡qué es esto¡, ¡MIRA!!! mi dedo. La hermanita gatea para agarrar mi zapato y supuestamente asustarme, el primo revisa unos libros y Marta me ve a los ojos porque en su mano esconde algo que no imagino.

Cuando mi paciencia termina, procuro pedir con fingida calma todo lo que han escondido, que regresen al rato, que estoy ocupado… la hermanita y el primo corren a la calle arrastrando una reja de madera. Marta no, al contrario, todo indica que espera ese momento para preguntar y mover más cosas a la vez. Valiente y molestosa.

Una tarde de esas, llegó una chica a preguntar el precio del servicio de lavado de unas colchas “queen size” (“tamaño rrreina”), la chica era muy bonita así que le di el precio pero, ejem... tardé explicándole sobre fibras textiles y reacciones químicas del lavado en seco. Marta tomó la lista de precios y le dijo a la chica que el servicio no era tan caro, que costaba 30 pesos menos de lo que le había dicho; la chica dudó, lo negué pero Marta con la lista en la mano señalando un punto cualquiera, me decía: “mira, aquí dice, aquí dice”. El caso es que nunca soltó la lista de precios y la chica se fue.

Esa tarde Marta, su hermanita y su primo estaban especialmente activos, así que nos pusimos a hacer “cajas para vómito” con papel de cuaderno; el procedimiento es complicado (muchos cortes y dobleces) así que le bajaron de acción. Después de un rato se fastidiaron de doblar papeles y se fueron a correr.


auténtica "caja para vómito"



Creí que esa tarde se había establecido una tregua o que al fin se habían aburrido de molestarme… pero pasó otra cosa; Marta, hermanita y primo regresaron con dos niñas más; unas niñas “creidas” compañeras de la primaria (que salieron a la calle exclusivamente a comprar sacapuntas) y ante esas niñas, con los ojos bien brillantes y el cabello enredado, dijeron (casi en coro):

- ¿Verdad que eres nuestro tío?


martes, 18 de septiembre de 2007

15 de septiembre 2003

Ves el reloj: 7 de la noche. En este momento, se dice, el Himno Nacional Mexicano cumple 150 años; es difícil creer en la historia, ¿no?; pero, si es ficción, a quién le importa.
Caminas por la Calle Central tropezando con los adoquines chuecos, Juan Sabines -piensas- no imaginó que este camino sería tan duro. ¿Juan Sabines? Repites en voz alta, pero si acabas de verlo en una lona colgando de un poste, ¡con los colores de la bandera! Después reflexionarás sobre el Eterno Retorno.
Hay pocas personas, aún no llegas al parque, pero definitivamente hay pocas personas. Cruzas el mercado, caminas sobre un dinosaurio que acaba de salir del pantano, cuidas de no salpicar y de no ser salpicado.


Parque
Desde la primera-sur hay policías recargados en brandales blancos. Los polis dejan pasar sin problemas a “la gente del grito”, pero si “la gente del grito” es “sospechosa”, les revisan todo. Normalemente serías sospechoso, pero te acabas de bañar y tu credencial de universidad aún es vigente, no te preocupas.
Te divierte la idea de cargar una bomba en la mochila. Dices buenas noches. Cruzas la valla y no vas directo a los esquites. Ves a todas partes; observas -por última vez- el centro de Tuxtla Gutiérrez, antes de la imaginaria explosión:
Las nubes descansan en los cerros: duermen y son una manada de elefantes. Desde los triciclos estacionados en diagonal, los vendedores se pierden en la bruma del maíz. Las personas se mueven despacio, la luz se concentra frente a Palacio de Gobierno, los charcos negros vibran; arriba: papelitos verdes, blancos, rojos. La Catedral muestra con orgullo una lona con el retrato de Miguel Hidalgo. El Congreso con las luces rojas es un burdel enorme. Esperas un momento. Te preparas: ya eres un hombre bomba. Pasa un rato. Sientes que ya no es emocionante imaginar que el parquecito se levanta en pedazos y que una línea morada parte 10 metros a la redonda –quizá menos. Estás aburrido.

Grito
Estadísticamente (5 de 5) nadie de tus conocidos fue “al grito”, todos “pasaban”. Aunque luego los encuentres distraídos a una cuadra de Palacio. Cuánta vergüenza. La voz oficial siempre tan oficial anuncia el inicio de la celebración. Te acercas debajo del graderío metálico que escurre óxido y lodo de zapatos, puedes ver al Gobernador y sus pajes, también la escolta del Ejército Mexicano, y sí, son los mismos que escuchaban backstreet boy´s en sus camiones (te sorprendió la “rara” recreación estética de los militares pero, sobre todo, el rating de los grupos-pop-juveniles-gringos a la Zona Militar N. 7).
Aunque el acto es curioso, dirías ridículo, casi nadie se ríe. Tú tampoco quieres hacerlo, recurres a tu nacionalismo ortodoxo y mal comprendido. Ves los colores de la bandera, las luces, escuchas el tono del discurso que no cambia sólo que esta vez el Himno cumple 150 años. Pero un diablillo dentro de la cabeza te dice: México no existe, mexiconoexiste, mé-xi-co-no-exis-te. El clarín silencia al auditorio; con su “bélico acento” te hace apretar los dientes, piensas en la guerra, CNN informó que hoy murieron 47 irakíes, seguramente fueron más.

Artillería
Que viva. Que viva. Caminas entre la multitud cada vez más densa (después de la “ceremonia” vienen los Temerarios). Suena simbólicamente la campana de la independencia. Te diriges a la Catedral porque sabes que desde el kiosco-sur detonarán los fuegos de artificio. Esperas que la voz oficial invite al público a disfrutar del espectáculo.
Estás a 15 metros de los tambos negros que explotan, sientes el zumbido, esa chispa que avanza y avanza y ¡madres!: el rugido, las luces en bolas que se expanden, rojas, verdes, moradas. Serpientes, estrellas enanas. La expectación… más retumbos y luces. Piensas que talvez la independencia real genera ese júbilo entre la garganta y el pecho.
Termina el artificio y las personas dejan de ver el cielo. Te quedas un momento porque te gusta el olor a pólvora y ves cómo los técnicos detonan manualmente (con cigarros) las cargas dormidas en los tambos. Sabes que en un momento Los Temerarios iniciarán el concierto por lo tanto, es el momento de largarte a casa.

lunes, 2 de julio de 2007

Acto político

Llegas al lugar accidentalmente vestido con los colores del partido político. Chin. El lugar es un cine, el “Alameda”, la función: “El caldo ya está gordo”. Sinopsis: a unos días de la elección de gobierno, muchas personas movilizan a otras a través de promesas económicas y/o materiales con la intención de agradar a su jefe, que tiene un jefe, que a su vez tiene un jefe que tiene un jefe que hace lo propio por conseguir la mirada benevolente, el abrazo, la felicitación de El Candidato –y con ello, mínimo, una diputación plurinominal.
La convocatoria al evento ha sido extensiva a las colonias de Tuxtla; “la estructura de carne y hueso, con nombre y domicilio” que alardea el dirigente nacional hace acto de presencia para recibir tortas, refrescos, gorras y playeras. Apenas cruzas la entrada y ya tienes en las manos un cilindro para portar agua; reconoces que es agradable la sensación que te produce un regalo, sobre todo si es una chica bonita quien lo remitente… pero sabes que es un truco, un placer momentáneo y que nada puedes esperar del partido político (de ninguno), los hechos han demostrado que son mentirosos, saqueadores. Además -entra el candidato con su séquito- es absurdo: ¿quiénes se creen esos sujetos que caminan abriéndose paso mientras todos nos apretamos?
Pero asumes tu trabajo: fotografías las pancartas, las personas de pie y las que platican tomando refresco. De acuerdo a sus estratos (primero municipales, luego estatales) los militantes se turnan para “animar” a los asistentes gritando el apellido que más les conviene formando curiosas cacofonías, alternadas con los clásicos chillidos de micrófono; fotografías la angustia de sus rostros porque “talvez no desayunaron y por eso no gritan fuerte”. Jajaja.
Lo que sigue del acto es lo de siempre, un amigo reportero te ha dicho que le consta que es el mismo discurso, no las mentiras de siempre, sino ¡cínica y literalmente el mismo discurso! Como sea tienes que lidiar con el guardia de seguridad para que te permita fotografiar cuando el candidato levante los brazos, sonría exageradamente y se autoproclame victorioso. Los colores de tu camisa colaboran para que sin problemas el guardia te permita continuar con el trabajo.
Termina el evento. A una cuadra, en el parque Santo Domingo, los empleados, de los empleados del empleado, del empleado (…) pasan lista a los colonos, y en tu estómago el desayuno se revuelve cuando escuchas una discusión: “¡no!, las (señoras) que recibieron gorra y playera, ya están pagadas”.
Caminas de regreso al periódico entre grupos cada vez menos densos de personas y aventuras una hipótesis: en el sistema de democracia representativa se practican dos tipos de acarreo, el comprensible: voto a cambio de poder, dinero o productos; y el otro: voto por ignorancia, inducción y miedo: “tu rock es votar”.
Como sea, tratas de mantener la calma, porque sabes que alguien más en el mundo también trata de que todo esto tenga remedio ¿no?

lunes, 4 de junio de 2007

Función de lucha libre

Cuando entré al "Deportivo Roma” un luchador de rojo (que luego supe era Flashito) recibía sillazos en la cabeza y en la panza. Entre los ruidos de la tunda y los chiflidos del público pregunté cuál era la función estelar, Carmelita (compañera que trabaja en tele) me explicó que la estelar era: Tarot Mágico vs. Sueño Chicano, máscara contra máscara. Pero que la Súper-estelar era Gronda vs. Mesías.
Esperé. En la segunda lucha El hijo del Pirata Morgan puso al auditorio en ambiente de pelea; en esta ciudad basta que nos digan indios y que vivimos en un rancho para que la mayoría se encabrone, pero además como buen rudo el Pirata junior se metió con las jefas del respetable, por lo tanto volaron hielos, botes de refresco y no faltó el compa que –bien bolo- se puso de pie toda la función para retar al "panzudojijodelarrrreverga".
La estelar/La lucha de Tarot Mágico sucedió como debe suceder cuando el luchador es de casa y se enfrenta a un tipo que lleva como atuendo la bandera norteamericana. Esto incluye que el luchador local se presente lesionado del brazo izquierdo. Después de que el Chicano hizo sangrar la frente de Tarot con la clásica mordida al romper la tapa de la máscara, que castigó el brazo lastimado, que lo tuvo en la lona y que –además- el réferi se ojeteó, Tarot resurge entre gritos de mé-xi-co mé-xi-co y sí-se-puede sí-se-puede. La victoria impactó a los niños, se amontonaron en el pasillo, se les veía preocupados por las heridas. El resto del público buscó chela y continuó riendo.
La súper estelar/ Las luces se apagaron. El presentador indicó el momento de la lucha Súper Estelar. Entre destellos de colores aparecieron los combatientes: Gronda y Mesías. Luchadores modernos que no hacen llaves, ni vuelos, sino que le prefieren el gimnacio y los anabólicos. Chocan, demuestran su fuerza pero no hay más. Su apariencia delata el tiempo en que vivimos: hemos perdido el arte y los fundamentos, sólo quedan cáscaras.
El Brazo (que hacía pareja con Gronda) se enfocó a hacer reír al público dando sentones al réferi, besando a los rudos o mostrando las nalgas. El tercer round terminó con la victoria de los técnicos, luego de “una patada en los testículos” de Masías a Gronda.
Un asunto cómico entre tantos es que el presentador estaba tan emocionado tomando fotos con su celular que antes de empezar la tercera caída me preguntó: ¿es la segunda o ya es la tercera? Chale.

Los màs buscados